Santa Restricción

Sin fe es imposible agradar a Dios. Podemos tener la salvación de Dios en nuestras familias, pero debemos creer para obtenerla, vivir por ella y ejercer de continuo fe y confianza permanente en Dios.  Debemos subyugar el genio violento, y dominar nuestras palabras; así obtendremos grandes victorias.  A menos que dominemos nuestras palabras y genio, somos esclavos de Satanás, y estamos sujetos a El como cautivos suyos.  Cada palabra discordante, desagradable, impaciente, malhumorada, es una ofrenda presentada a su majestad satánica. 

Y es una ofrenda costosa, más costosa que cualquier sacrificio que podamos hacer para Dios; porque destruye la paz y la felicidad de familias enteras, destruye la salud, y puede hacernos perder finalmente una vida eterna de felicidad.  La Palabra de Dios nos impone restricción para nuestro propio interés. Aumenta la felicidad de nuestras familias y de cuantos nos rodean.  Refina nuestro gusto, santifica nuestro criterio y nos reporta paz mental, y al fin, la vida eterna.

Bajo esta restricción santa, creceremos en gracia y humildad, y nos resultará fácil hablar lo recto.  El carácter natural, apasionado, será mantenido en sujeción.  El Salvador, al morar en nosotros nos fortalecerá a cada hora.  Los ángeles ministradores permanecerán en nuestras moradas, y con gozo llevarán al cielo las nuevas de nuestro progreso en la vida divina, y el ángel registrador tendrá para anotar un informe alegre.